MI PRIMER VIAJE MINIMALISTA parte II

 




No tengo un problema de acumulación de cosas inservibles, suelo acumular cosas de lo mismo como para tener un reemplazo siempre seguro, así que me era muy difícil saber cómo organizar todo lo mucho que tengo de todo, y empecé a buscar videos de organización de espacios, me topé con el audiolibro “La magia del orden” de Mari Kondo y vi su programa ¡A ordenar con Marie Kondo!
, a diferencia de otros programas como “Acumuladores” o “Limpiadores compulsivos”, no se enfocaban demasiado en la historia detonadora del problema emocional, era un programa sencillo de como el orden hace “magia”. El libro era más específico en los pasos y los comencé a seguir y fue muy fácil, se parecía mucho a lo que había hecho con Alex: sacar todo, agrupar por categorías, conservar lo que ame tener, desechar lo que no quiero, empezar con las cosas más fáciles como la ropa, luego los papeles y las cosas con valor sentimental, dejar al último todas esas cosas que andan regadas por la casa que no tiene ningún lugar, Marie le llama KO-MO-NO. En japonés significa objetos varios. Me basé en el método de Marie Kondo pero yo empecé al revés, primero con el Ko-mo-no, a mí se me hizo más fácil ir desechando todo aquello que no tiene ton ni son: cargadores, cables, productos caducados, medicinas, esmaltes de uñas, maquillajes viejos o que no uso desde hace siglos, y así, fui quitando lo que estorbaba de encima, hasta ir dejando lo que sí servía. Luego, seguí con lo “sentimental”, lo tiré casi todo: cartas, tarjetas, regalos que nunca me gustaron, recuerditos, boletos de conciertos, panfletos de teatro, autógrafos, y cosas así.

Me costó más trabajo desechar la ropa, lo que era nuevo o que me gustaba mucho pero que ya nunca iba a volver a usar, como zapatos de tacón, ropa de talla muy grande o ropa de talla muy chica, ropa divina que nunca usé porque me parecía que no había un momento especial para hacerlo, mis perfumes, abrigos, suéteres y mascadas. Como todo era bueno y bonito, decidí regalarlo a quién pudiera darle un buen uso, y lloré mucho cuando me desprendí de todo ello, aunque me sentía contenta de saber que a otra persona si le iba a ser útil, me costaba trabajo aceptar que ya no soy la persona que compró eso, ya no me servía no por viejo o desgaste, sino porque simplemente no son mis cosas ya. Tengo más de diez años sin usar zapatillas con tacón, y aun me costaba trabajo soltarlos, ya no uso collares, ni aretes grandes, no uso sacos, ni traje sastre, no uso ropa ajustada o incomoda, hace 20 años decidí dejar de usar tanga y minifalda, y aún conservaba algunas prendas de ese tipo, y no sé por qué.

En todo este proceso, comencé a querer salir huyendo, a tener sueños de fuga y decidí planear un viaje, hay personas sedentarias y personas nómadas, yo soy de las primeras. Me gusta salir a caminar, a andar en bicicleta, conocer lugares cercanos, que no impliquen hacer una gran maleta o tener que tomar un transporte para viajar por varias horas. He viajado. Pero no disfruto el traslado (auto, tren, avión, barco, burro o el que sea), disfruto mucho la estancia pero con ciertas condiciones de confort, no me gusta acampar, no me gusta comer latas de atún, cargo con mi almohada, no comparto habitación (solo con mi esposo), no puedo bañarme si no hay agua caliente, no hago mis necesidades fisiológicas en espacios públicos, y así.

Conforme me iba desprendiendo de cosas, me era más fácil planear el viaje, era como la fábula de la tortuga y la liebre, aquella liebre que sabiendo que llegaría más pronto al rio en donde había acordado ir a nadar con la tortuga, se entretuvo en el viaje recogiendo recuerdos y al final venia tan cargada de cosas, que cuando llegó al rio, no tenía ganas de nadar, solo de descansar, la tortuga le sugiere que tiré todo lo que trae y disfrute el momento. Y finalmente, lo hace y nadan juntos muy felices en el rio.

Me tenía que desprender para soltar, cuando le entregué a mi vecina un apartado de ropa que se llevó con singular alegría, me dio diarrea, cuando regalé mis perfumes, me dio diarrea, cuando vino mi excompañera de trabajo por un par de bolsas llenas de todo, me dio diarrea, y ahorita mientras lo escribo ya se me soltó el estómago de nuevo.

Quizás, la mayoría de las personas “ordenadas”, las que no tienen problemas de acumulación, las que son “limpias” y aman hacer quehacer, les cueste trabajo entender que este proceso, ha sido para mí uno de los más difíciles a los que me he enfrentado. Cuando Alex fue a hablar con mis padres sobre nuestro proyecto de vida juntos, mi mamá le advirtió que yo tenía un problema con la limpieza y el orden (estoy usando eufemismos). Alex creyó que mi mamá exageraba, cuando se dio cuenta que no, fue la persona más comprensiva del mundo, pero eso no ayudó mucho, tampoco hubiera ayudado que no lo fuera. Era mi proceso y tardé mucho en afrontarlo.

Cuando mi mamá falleció, como es de esperarse en casos de duelo, entré en shock. Yo andaba en la plaza cuando mi hermano me dio la noticia, me fui a mi casa pero sin prisa y comencé a hacer quehacer, no me pude ir a Guadalajara, hasta que dejé la casa bien limpia, como nunca lo había hecho. A partir de ahí, me hice más consciente de eso. Y desde esa fecha, soy la persona limpia y ordenada que mi mamá quería que fuera, pero traía mi bolsa llena, y había que desechar cosas que estaban suspendidas en el tiempo, muchas cosas.

Termina parte II

Comentarios

Entradas populares